Ubala - Cundinamarca
Reseña Histórica:  UBA-LA que equivale a UBALÁ y significa lugar de la falda o lugar de la
pendiente.

Los primitivos fundadores fueron los CHIOS, de la nación CHIBCHA, quienes tenían su asiento
en el lugar hoy llamado Pueblo Viejo.

Ubalá aparece en la distancia en medio del cerro de Las Letras con sus casitas blancas y su
Iglesia Parroquial, como un anidadero de níveo palomar. Escribió hace 41 años el acucioso
historiador Don Joaquín Acosta Ortegón, quien en cumplimiento de su profesión de médico
higienista, anduvo esa arrugada región de Cundinamarca que sin duda era una de las más
pobladas antes de la irrupción de los ibéricos en estas tierras vírgenes de la cultura ultramarina.

Ubalá hacía parte de un no despreciable número de poblados indígenas prehistóricos de la
región, gran parte de los cuales desapareció por causas diversas especialmente de índole
epidemiológica. Los españoles encontraron asentamientos indígenas como Pauso, Siatala, Tualá,
Zaque, Cusio, Guavio, Juiquín, Chusneque, Mámbita y Sueva que si más importantes de Ubalá
corrieron  con desigual suerte y prácticamente fueron borrados del mapa por las circunstancias
anotadas. De estos solo quedan como punto de referencia veredal los dos últimos: Sueva y
Mámbita.

A finales del siglo XVIII, del viejo Ubalá no quedaba sino su nombre porque quienes lo
habitaban habían emigrado a la prosperidad de las poblaciones vecinas. Por aquella misma
época sobrevino una espantosa epidemia de viruela y fiebre amarilla que azotó rigurosamente a
Mámbita cuyos escasos habitantes no contaminados resolvieron trasladarse al lugar en donde se
levantaba Ubalá dándole nueva vida.

Cuenta Joaquín Acosta que el resurgimiento de nuestro rinconcito hubiese continuado con  
buenos augurios en su primitivo asentamiento conocido como `Pueblo Viejo`, si no es porque se
presenta una tragedia de ribetes pasionales así sucedida: hacia 1845 vivía en la resurgente Ubalá
una mujer llamada Catalina Rojas, casada con Celedonio Urrego; no obstante su matrimonio, la
tal Catalina se enamoró locamente de Pedro Daza, con quien resolvió irse, abandonando a su
legítimo esposo. Entonces, en venganza, Celedonio resolvió castigar con la muerte a su rival,
quien para ese entonces ejercía el cargo de alcalde y, aprovechando la penumbra de un
anochecer y la ayuda de dos de sus hermanos, de los cuales uno se disfrazó de mujer a la orilla
de la Quebrada
Grande, cerca del puente por donde Daza acostumbraba a pasar todas las tardes rumbo a su
casa campestre; Celedonio con su otro hermano atalayaba a su presunta víctima a distancia
conveniente, para cuando ésta, subyugada por los requerimientos y provocaciones de la
supuesta mujer, cediera a sus instintos y así ultimarla fácilmente como en efecto sucedió.

Después vino la justicia a obrar terminando con el fusilamiento de los Urrego, el cual se efectuó
en la plaza del poblado dejando atemorizados a sus moradores que desde entonces solo
pensaron en trasladar el pueblo a otro lugar, que lo fue donde hoy está y en donde se
encontraba una imagen que los viajeros del llano veneraban singularmente. Los terrenos, que
tienen una pendiente de entre 20 y 25 por ciento, fueron cedidos por Pastor Ospina Rodríguez,
hermano del presidente Mariano Ospina Rodríguez, oriundos de Guasca Cundinamarca.  

Fue fundada el 23 de Octubre de 1846 por don
Pastor Ospina Rodríguez.