

Descripción: La conquista del territorio donde yace Neiva fué promovida por la ruta de Sebastián de Benalcázar, (n. hacia
1495, se cree de Extremadura, y muerto 1550; pero cuyo nombre de pila fué Moyano. Cuando éste embarca hacia nuevo
mundo, se apellidó pseudo-toponímicamente quizá con su aldea natal: Villa de Belalcázar, Ayunt. de Córdoba; debido a
infortunios de necesidad, pues se fugó de las autoridades hacia Nuevo Mundo). Ende la eterna confusión, nunca limpia de
polvo y paja.
Al tiempo de apoderarse nueva identidad como tambien de Quito e incluso fundar a Guayaquil, se basó en el mito de "El
Dorado". Siguió un curso buscando fortuna que lo trajo al valle laboyano (actual sur de Huila) en 1538.
Por órden suyo, en 1539, su designado capitán Juan de Cabrera estableció el primer asentamiento en el sitio que luego se
conoció como "Las Tapias" o "Neiva Viejo".
La invasión opita (gentilicio de la región de Huila) volcó unas tribus caribes, las del Cacique Totoyó, y las de otro Doche
trayendo Otaces, Paéces y Andakíes sobre éstos conquistadores, arrasando aquel caserío recién fundado. El asentamiento
fue reestablecido por Juan Alonso de La Torre hasta 1550 donde hoy yace Villavieja, y fué llamado "San Juan de
Nepomuceno Neiva" otra véz destruido y en 1569 y finalmente, el 24 de Mayo de 1612, don Diego de Ospina y
Medinilla, canciller real del Nuevo Reino de Granada, trasladó la población al sitio que hoy ocupa para dar comienzo a
este pueblo y fundó la ciudad de la "Villa de la Limpia Concepción del Valle de Neiva" (la Neiva actual). Por eso, y desde
entonces se llama Villavieja por referencia a la villa de corta vida. En 1618 Villavieja obtuvo para la ciudad el título de
Parroquia y su primer cura fué José Pascual. En 1629 La Real Audiencia le otorga, por peticion suya, diez estancias de
caballeria de las medidas de Santo Domingo donde tuvo los primeros ejemplares de ganados caprino, lanar, caballar y
vacuno que introdujo.
Posiblemente don Gonzalo Jiménez de Quesada quien arribó al norte de este valle que luego nombró "De Las Tristezas"
(posiblemente los llanos de Castilla en el actual Dpto. de Tolima, que son inaguantables), pues dicen que llegó hasta Río
Neiva, para encontrar apenas algunas poblaciones aborígenes de poca riqueza y un medio ambiente de clima malsano que
trajo enfermedad a sus hombres y los obligó a retroceder sobre sus pasos sin más botín que su frustración, el inaguantable
calor y cansancio.
A comienzos de la colonia estos territorios formaron parte de la Gobernación de Popayán, la cual fué creada por S.M.R.e
Imperial don Carlos V el 10 de Marzo de 1540 y se extendía de Otávalo (Ecuador) a las Antillas y del Pacífico al
Magdalena, época donde regían las familias fundadoras. San Sebastián de La Plata, Huila es significante por el paso por los
andes entre nevados a Popayán. La gobernación de Neiva duró hasta 1857, pues en Octubre de dicho año se incorporó al
estado de Cundinamarca (Bogotá), en virtud de lo dispuesto por la ley de 15 de Junio.
Hasta 1819 Gran Colombia en 1821 La Nueva Granada se formó parte del bajo paréntesis histórico de guerras civiles con
la declarada independencia de Honda que luego se rinde al Estado de Cundinamarca 1824; La Nueva Granada muere. En
1853 Confederación Granadina abolió Deptos. y trazó como estados: Boyacá, Cundinamarca, Cauca, Panamá, Magdalena,
Bolivar y Antioquia; y en 1863 Estados Unidos de Colombia consagra el Federalismo y agrega el Estado de Tolima de cuyo
territorio forma el Huila; finalmente es en 1886 bajo el General Reyes se forma la actual República de Colombia seguido a
sus correspondientes reformas organiza el territorio en deptos., municipios, y distritos.) y del Departamento del Tolima (La
Gran Tolima o Tolima Viejo), separa definitivamente en 1905 y se creó el actual Departamento del Huila, aparte de los de
Atlántico, Caldas, Galán (actual Santander del Norte) y Nariño.
Las obvias razones de la división y el pataleo "político" de una república naciente, porque aún evade la lógica geográfica
(socio-económica) que divide el valle del Alto Magdalena por el caserío de La Victoria, como mucho del país, siendo los
accidentes geográficos ahí de poca distinción y se remontan mas a razones parroquiales que políticas. Hasta Jorge Villamil
nos expuso el cerro Pacandé en su guabina como una razón mas musical-limítrofe para seguir camino "Al Sur", aparte que
los asentamientos coloniales del sur de Tolima fueron fundados por sangres y vínculos familiares distintos a los del norte del
Tolima. La lamentable historia oficial que presentan las autoridades gubernamentales (Huila) actualmente se paralizan en el
punto histórico de la célebre justicia de La Gaitana, ella durante la conquista; pero la colonia y todo vínculo con su
formación y sentido para que esta región exista en el mapa se omite de los textos por el fenómeno político que actualmente
vive la región (aparte de ignorancia, pues la lógica nos abandonó).
Es erigida la Gobernación de Neiva, bajo la Presidencia de Borja y la Real Audiencia, encargó de ella a don Diego de
Ospina y Medinilla, antioqueño nacido en Remedios (Antioquia). La formaban las providencias de Timaná, Neiva y
Saldaña; pero no se materializó jurídicamente hasta dos años después; años que dedicó su fundador a la exploración de un
sitio ideal, el fomento de su amistad con los nativos y el desarrollo de su empresa agrícola y ganadera
Diego de Ospina y Medinilla, Capitán General y Alguacil mayor, seleccionó la margen derecha del río Magdalena, entre
el río las Ceibas, la quebrada del Curíbano y el río Oro para establecer sus cuarteles permanentes y desde allí seguir
esparciendo las semillas agrícolas y ganaderas que había llevado consigo, y le dio al sitio el nombre de Nuestra Señora de la
Limpia Concepción del Valle de Neiva (hoy Neiva).
Don Roberto Falla en la Revista Cabildo narra así su fundación:
En su real de minas de Fortalecillas, aquel día, 24 de mayo de 1612, amanece Don Diego de punta en blanco y más audaz
y emprendedor que de costumbre. Le corresponde así por su prosapia, pues es Ospina y Medinilla, y a sus honores y
dignidades, por que es justicia Mayor, Gobernador y Capitán General, y Alguacil, Mayor de la Real Audiencia y Cancillería
del Nuevo Reino de Granada.
No es para menos, por que en la fecha si va a cumplir Don Diego el empeño que presentía de largas e históricas
consecuencias -ya dicho cuando al fundar el real de minas el 23 de enero del año corriente, ha hecho constar en el auto de
rigor su "protestación de fundar una ciudad siendo necesario", "y por que así conviene al servicio de Dios nuestro señor y de
su Majestad". En este día va a fundarla de verdad. Todo está dispuesto; los ánimos, el escribano, los testigos, el cura, las
caballerías, los arneses, las armas, y los indios reducidos para dar base a la fundación.
No es muy letrado Don Diego, Pero si empujador y visionario. Hace meses tiene el magín el nombre de la nueva ciudad y
el lugar para asentarla. El sitio ideal es el centro del Valle de las Tristezas, a orillas del río Grande de la Magdalena que será
su occidente, y entre los ríos del Oro y las Ceibas para ponerle al sur y al norte -de punta a punta- defensas naturales, y al
oriente la terraza de "Avichente" ha de quedarle por que la cierra el contrafuerte del cerro del Chaparro. Ya lo ha escogido
Don Diego que manda en península y aborígenes y su voluntad d respetarse, aunque le mande desenvainar la hoja acerada
El Gobernador y Capitán General ha madrugado y como no le falta atuendo ni detalle alguno, pica su caballo para llegar
presto al sitio ideal. Las tres horas corrientes que han de gastarse desde Fortalecillas -donde reside hasta ahora- las
convierte en una sola a la cabeza de la comitiva que cabalga al galope para no quedar a la zaga. Y ya en el rectángulo
arciforme de la llanura arenosa en la cual se alzará la ciudad. Don Diego sofrena la cabalgadura, señala energéticamente
con el brazo los límites de la fundación y buen paso los recorre como para grabarlos mejor en su memoria de colonizador y
en la de su séquito. Abrevan sus caballos en las aguas del Magdalena, del Oro y las Ceibas, por que se le antoja al señor de
Ospina y Medinilla que ello haga parte d la previa ritualidad del empeño ambicioso que está realizando, y que por eso es
de buen agüero. Y galopa de nuevo hacia el centro de la llanura.
Don Diego desmonta, su corcel, ordena a la comitiva formar en cuadro sus caballos y que la indiada se acerque, y traza,
con la espalda sobre la arenilla reverberante un rectángulo simbólico de la forma geométrica de la ciudad que nace, ha de
declarar fundada y ha de posesionarse, todo en nombre de su Majestad el Rey Felipe. Y va a decir cómo ha de llamarse
por que lo ha pensado bien. Nada que recuerde al Valle de las Tristezas mejor que aquel que Neyva que se le ocurrió a
Don Sebastián de Belalcázar en 1538. Ha de llamarse, "Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Neiva". Y así fue, y así
será.
Pero aún no termina la trascendental ceremonia, por faltarle requisitos. De inmediato el fundador ordena sembrar el árbol de
la Justicia "donde se ejecute lo que se mandare por los Jueces y Ministros della", lo acuchilla y lo golpea, con la espalda. La
paz de Don Diego, se altera entonces, ajusta solemne la armadura, se le enrojece el rostro el penacho del chambergo se
agita con la brisa que llega del sur, y mientras el mostacho le huele a jaguar bajo la canícula, empuña agresivamente la
espada y en alta voz anuncia que toma posesión del sitio y de la ciudad, y reta -en vano- a que alguien se oponga. Don
Diego respira hondo, envaina la hoja y el bigote ahora le huele a gloria.
Lo ritual ha terminado. Pero ante todo la iglesia, por que su majestad y todos los súbditos son católicos fervientes y además
el diablo les mete miedo. Pues hay esta el Padre Pedro Fernández de Dueñas, Presbítero Beneficiado, comisionado por la
Sede Vacante, quien en nombre del Arzobispado del Nuevo Reino toma posesión del solarón que Don Diego le Adjudica;
y ha llegado el presbítero Mariano Rodríguez para ser párroco.
Y agrega el fundador ante el escribano Gonzalo Navarro -por que hay que dejar constancia rigurosa- que dejará "solares a
las personas que han venido y pretende venir a esta poblazón y adelante vinieren a hacer vecindad y que esta ciudad goce
de las libertades, prerrogativas y privilegios que se conceden a las nuevas poblazones y pobladores dellas conforme a
derecho". Y repite que la ciudad ha de llamarse "NEIVA" en todo tiempo y "la pone debajo de la Real Corona y de la
Gobernación del dicho Nuevo reino de Granada".
Está fatigado Don Diego y como lo de los solares ha de ser para otro día, regresa lentamente, jubiloso, al Real de Minas
de las Fortalecillas a meditar en su obra. A su espalda trota la comitiva. Sueltan espumas las caballerías, sudorosas al sol de
verano de ese mayo que ya pertenece a la Historia. El Capitán General desmonta en Fortalecillas y garboso cita para el
segundo día de junio a la demarcación de la plaza y los solares de su ciudad. En este 24 de mayo de 1612 lo hecho es
suficiente.
Y lo cumple, porque el escribano deja la constancia en diligencia auténtica:
"En dos días del mes de junio de dicho año, el dicho Gobernador Diego de Ospina, Justicia Mayor, salió del dicho Real de
las Fortalecillas y fue al sitio donde tiene fundada la dicha ciudad Nuestra Señora de la Concepción para dar la forma y
orden y traza de la poblazón de la y con una cabuya que hizo ir midiendo y cuadrando la plaza que ha de tener la dicha
ciudad y a la cual dio diez cabuyas que son trescientos treinta pies por cada frente y lienzo de la dicha planta quebrada; y
luego por cada lado añadió treinta y cinco pies para las calles y desta forma quedó cuadrada la dicha plaza y mandó que
cada cuadra de las que fueren dando y poblando sean de la misma medida de a trescientos treinta pies quedando además
desto el güeco de las calles de treinta y cinco pies de forma que cada cuadra ha de tener cuatro solares cuadrados y cada
solar ha de ser de ochenta y un pies y medio conforme a la medida de la dicha cabuya y esto ha de ser en cuadrado; y este
orden se ha de tener en el ir poblando y fundando la dicha ciudad y en el tamaño y media de los solares que se fueren dando
a los vecinos. . ."
Todos los que han de poblar la ciudad y acompañan al fundador tienen ya su solar, pero en este día la tarea ha sido dura y
larga desde la mañana hasta ahora que ya cayendo el sol. Don Diego, ensimismado, quiere estar íngrimo en este atardecer.
Despacha con un gesto, a señores e indios, escribano y curas, parientes y allegados, y trepa lentamente a la cúspide del
Cerro de los Chaparros que a la fundación vigila, contempla desde allí las estacas que distribuyen los solares, la plaza, la
parcela de la iglesia. Una nueva ciudad ha dado al Rey Felipe. Mira sus dominios de Gobernador, que se extienden desde el
lejano Páramo de las Papas al sur, hasta Saldaña al Norte. Los Pijaos ya no son el problema y ha asegurado un franco
camino de vinculación con Popayán y Quito, y dado seguridad a los territorios de la Corona apoyando los fuertes de
Timaná y la Plata.
La ciudad será grande, próspera y católica; centro promisorio de desarrollos económicos. Con la ciudad nueva la extensión
comarcana se poblará, cimentará el imperio colonial, habrá frutos en sus campos y ganados en las dehesas y se tornarán
mansas y salvarán su alma; y el Rey tendrá más reales, quintos y patrimonio, sobre todo ahora que el sol amenaza ponerse
en Flandes. Don Diego programa en detalle el futuro de su ciudad. Mañana edificará su mansión en aquel costado de la
plaza, cerca de la iglesia y frente al árbol de la justicia. Como hay caña de azúcar habrá aguardiente y estancos, porque
necesita rentas. Los alcaldes, cabildos y regidores serán leales y justos.
Levántase el chambergo para alargar la visión. Al sur divisa el Cerro de la Curinga donde los indios bravos enterraron las
campanas de la primera Neiva que soñó Don Juan de Cabrera en 1539, luego al norte columbran los restos de la otra
Neiva, la del capitán Juan de Alonso, incendiada. No, su obra será definitiva; sin asaltos, incendios ni traslados. Y para qué
meditar más?. Los mostachos le huelen nuevamente a gloria y mientras lo envuelve la penumbra crepuscular, se santigua y
desciende del Cerro al trote de su alazán -que alazán tuvo que serlo- emocionado, orgulloso y fuerte como corresponde a
un Capitán que le ha ganado una batalla a la Historia. Y masculla:
"Desde el 24 de Mayo de este año de 1612 y en todo tiempo, mi ciudad, ha de llamarse "NEIVA" que fue así y será, Don
Diego.
Don Diego de Ospina y Medinilla, como buen Antioqueño, introduce al Huila, la Caña de Azúcar, posiblemente traída de
su tierra natal, (antes de los aborígenes estraían el dulce de la Caña de Maíz), y tan pronto comenzó la producción de caña,
organizaron la destilación del alcohol en Neiva y Timaná. Diego de Ospina y Medinilla recibió la encomienda de los
Dujos como pago de sus servicios a la Corona de España.
Arzopispo Fernando Arias Uguarte visita a Neiva; hace la travesía por el camino de Almaguer, San Agustín, Neiva, Santa
Fe, por que venía de Quito, y no encuentra sacerdote permanente en Neiva.
Don Diego de Ospina y Medinilla, al observar que los indios Anaconas (Yanaconas), que había traído del Ecuador como
cargeros en los viajes que había hecho Belalcázar y sus Capitanes, estaban ubicados en la parte alta de los ríos Fortalecillas
y las Ceibas, sobre la cordillera oriental, resolvió fundar un pueblo bajo la advocación de San Antonio de Padua de los
Anaconas, hoy simplemente San Antonio, en agradecimientos de que eran aborígenes fieles a los españoles, muy
trabajadores y mansos.
Licenciado, Francisco Triviño y Sotomayor figura como Cura y Vicario de la ciudad del Espíritu Santo del Caguán,
dependiente de Neiva.
El Gobernador Diego de Ospina, reúne a sus gobernados y le expone la necesidad de solicitar un clérico permanente, para
Neiva; el Cura José Pascual estaba únicamente encargado desde 1619; además, pide una contribución para tal afecto
El Arzobispo Hernando Arias de Uguarte, al Padre Monseñor José Pascual, como primer Cura y Vicario propio de Neiva,
pagado directamente por los feligrese s.
1630 Muere en Neiva Don Diego de Ospina y Medinilla, gobernador de la provincia, cuando tenía 63 años de
edad; es enterrado en la capilla que él había ayudado a construir y que aún no se había terminado.
Hoy, sus restos reposan en la Iglesia del convento de Santo Domingo, en Bogotá, y se cumple así la memoria y exigencia
testamental
Según historia oral, en esta fecha es construida la Capilla de santa Bárbara, puesto en que la parte superior tenía escrito ese
número; la pusieron como patrona, a Santa Bárbara por que en Neiva, toda la Vida, han sido terribles las tempestades
atmosféricas y los truenos.
Don Francisco Martínez de Ospina, gobernador de las provincias de Timaná, Neiva y Saldaña, regala a López Salcedo
Jaureguí, 24 estancias de terreno, comprendidas entre los ríos Las Ceibas y Fortalecillas, sitio denominado "Trueno" (hoy
San Antonio de Anaconia), donde ya tenía posesión de 6 estancias que, con anterioridad, le habían donado
1639 El Gobernador de la Provincia, dona a Francisco Calderón doce estancias de terreno en la región del trueno
Diego de Ospina y Maldonado, quien se desmpeñaba como Gobernador, de la provincia de Neiva, en reemplazo de su
padre, retoma la fundación de San Antonio de Padua de los Anaconas, le da categoría de Distrito Parroquial y lo protege de
sus enemigos (parece que no logró sostenerlo; los cronistas no lo vuelven a mencionar).
