Canciones
LOS ARRIEROS,
Bambuco,  Eduardo Salcedo
Ospina
-(Eddy Salospi)

Van llegando los arrieros
a toldar cerca del río,
antes que la noche cubra
los barrancos del camino.

Un arriero retrasado
grita con celos de rabia:
¡Hurra, mujer de los diablos,
maldita mula cansada!

Mientras descargan las mulas
y en el polvo se revuelcan,
pone el peón a hervir el agua
en la tulpas de la hoguera.

Ya se callaron los tiples,
se adormecieron las penas
dejó de aullar el perro
y se apagó la candela.

En la laguna de río
se trasnocharon las ranas
emitiendo con su ruido
un montón de telegramas.

Mientras las mulas se alejan
ya los arrieros descansan
y sueñan con sus morenas,
en un tálamo de enjalmas.

Usan ruana y alpargates,
carriel y un blanco aguadeño,
de un par de dados son dueños,
de un morral y una barbera.

Aquí y allá en las estepas,
donde la suerte los corra,
siempre piden mazamorra,
carnes, frisoles y arepa.
EL BEJUCO,
Bambuco,  
Fabio Ospina

El bejuco cuando nace,
nace hohita por hohita,
así principia el amor
palabra por palabrita.

Gavilancito goloso
que andas por ahí perdido,
haver si puedes llevarte
la palomita del nido.

De la quebradita vengo
saltando piedra por piedra
en busca de unos amores,
como de mazorca tierna.

Gavilancito goloso, etc
CAUCA
Pasillo
Autor: Eddy Salospi (
Eduardo Salcedo
Ospina
)
Compositor: Hernando Sinisterra

Aires los de mi tierra, dulces cantares,
libres como turpiales de la montaña,
qué consuelo es llevaros sobre los mares,
pero qué triste oiros en tierra extraña.
Leyendas que de niños nos asustaron,
juveniles tormentos de libertad,
y primeros amores que despertaron
entre alegres bambucos de navidad.
Cruza el Cauca en silencio por nuestro
Valle
y en su larga corriente larga mirada,
y aunque pase y no vuelva, y aunque se
calle,
comprende nuestra música idolatrada.
Cuando la roca andina cruel le aprisiona
se convierte en espumas su amarga pena
y busca, Nazareno que ama y perdona,
la rubia cabellera del Magdalena.
Y en las brisas marinas dicen que se oyen,
con rumor de guitarras y de bandolas,
pasillos que sollozan sobre la playa
y bambucos que expiran sobre las olas.
No comprende esos cantos quien no ha
sufrido
bajo el sol de las tibias tardes caucanas
en que la vida huye con el olvido
el ángelis piadoso de las campanas.