



Nacio en Padua, Tolima, 1954.
Después de una infancia itinerante por pueblos de la cordillera, estudió derecho en la Universidad Santiago de Cali,
donde, lo mismo que posteriormente en Bogotá, fue periodista y publicista. Vivió en Europa de 1979 a 1982. A su
regreso a Colombia ganó el premio nacional de ensayo con su trabajo sobre el poeta Aurelio Arturo.
Sus libros de poemas: Hilo de arena (1986); La luna del dragón (1993); |El país del viento (1992)—premio nacional
de poesía Colcultura—; ¿ Con quién habla Virgina caminando hacia al agua? (1995). Ensayos: |Aurelio Arturo
(1991); Es tarde para el hombre (1994) y su versión al inglés en Cambridge, Massachusetts, en 1995; Esos extraños
prófugos de Occidente (1994); Los dones y los méritos (1995); |Un álgebra embrujada (1995). Publicó también una
traducción de |Tres cuentos de Gustave Flaubert (1991) y escribió los primeros capítulos de la |Historia de la poesía
colombiana de la Casa Silva (1991).
Es miembro fundador de la revista Número.
Dicta seminarios y clases en universidades del Valle, los Andes y Nacional de Colombia.
Humberto Marín dijo: «La serena poesía conceptual de William Ospina es un desesperado combate por salvar las
cosas más queridas del caos, de la irrealidad, y de ese río que todo lo erosiona, el tiempo. Bajo esta perspectiva
cualquier tema es válido, no hay limitaciones, y la constante recurrencia a la primera persona, singular y plural, no
puede inducir a engaño al lector apresurado, porque no es la suya una poesía confesional. Este hombre no tiene como
objeto decir su mundo interior, intenta decirnos al mundo, en general. Aquí y allá pueden aparecer sus emociones,
pero el tratamiento no difiere del dado a otros objetos de esa poesía, como tampoco difiere el objetivo: preservar
antes que confesar».
Víctor Sosa escribió en México: «El lector de William Ospina —y particularmente de |El país del viento—, se
asemeja al niño que escucha, una vez más, la fantástica historia contada por sus mayores. La sorpresa está en que
nos sorprende; nos hace partícipes de esa aventura verbal donde el lenguaje vuelve a cargarse de sentido expresivo,
y a contar sin dejar de cantar. Con El |país del viento Ospina da un giro en su creación. Abandona la rima y las
formas clásicas para internarse en una escritura de verso libre, barroca, vegetal y de largos alientos narrativos. Se
trata de |monólogos dramáticos —como su autor los define— influidos por la poesía de Robert Browning y
compuestos por largas enumeraciones encadenadas».
Y el colombiano Eduardo García Aguilar: «Ospina, quien tuvo su periplo europeo en los 70 y retornó a Colombia
para quedarse a escribir, representa junto a varios autores nuevos del continente a cierta madurez literaria continental,
que cada vez gana más espacio entre latinoamericanos y europeos».