Olga Duque de
Ospina
Desde la cuna la vida de Olga Duque de Ospina está íntimamente ligada a la política. Por esto la biografía de esta
huilense, que será lanzada esta semana en el país por Editorial Planeta, está plagada de recuerdos de sus correrías
proselitistas por el país, así como de recuentos de episodios que aunque ella no vivió de primera mano, sí conoció
de boca de sus protagonistas. Durante su larga carrera Olga ha sido concejal, representante a la Cámara,
senadora, ministra de Educación, gobernadora del Huila y gerente de la Caja Nacional de Previsión, cargos que
ella supo combinar con un matrimonio que lleva más de 50 años y con la crianza de seis hijos, así como con una
intensa vida social que ha hecho de su casa en Bogotá un sitio de encuentro obligado para buena parte de la
sociedad colombiana.

Con carácter es el título de sus memorias, algo que ella explica diciendo que es lo que mejor la define. "El carácter,
una de las virtudes, tal vez la principal, que heredé de mi padre, y que me ha servido para superar las muchas horas
difíciles de mi vida pública", explica la autora. Y es que su historia no ha estado exenta de sobresaltos. Empezando
por el 9 de abril de 1948, cuando siendo sólo una niña tuvo que ver cómo una turba semidestruyó la casa de su
familia en la hacienda Matamundo, cerca de Neiva, y estuvo a punto de llevarse a su padre, el dirigente
conservador Max Duque Gómez, para someterlo a un juicio popular en la plaza principal.

En su libro Olga también incluye un completo recuento del 'Bogotazo' en Palacio, pues años más tarde entraría a
formar parte de la familia del presidente Mariano Ospina Pérez al contraer matrimonio con uno de sus hijos,
Fernando Ospina. Precisamente, la historia de amor con su esposo es fuente de varias anécdotas que Olga
recuerda en sus memorias. En 1947 el presidente Ospina viajó a Neiva en compañía de su esposa Bertha
Hernández y de dos de sus hijos, Mariano y Fernando. Cuando Olga acudió a recibirlos en el aeropuerto en
compañía de sus padres y de su hermana Nohra, doña Bertha le dijo al presidente Ospina: "Mariano, una de estas
hijas del doctor Duque tiene que casarse con un hijo nuestro". Olga recuerda que "todos miraron hacia Nohra,
pero alguien les dijo que Nohra ya estaba comprometida con el cartagenero Gabriel Rodríguez Franco. Doña
Bertha me miró resignada, sin mucho interés, y dijo: 'Bueno, entonces con esa otra...'. Fernando Ospina sonrió
como para celebrar la ocurrencia de su mamá, y varios años después nos reencontramos".

El reencuentro vino cinco años después, cuando Olga, ya de 16 años, lo invitó a una _reunión en su casa.
Comenzó entonces un noviazgo a distancia que duraría tres años, durante los cuales Fernando siguió sus estudios
de ingeniería en la Academia VMI de Virginia, Estados Unidos, y Olga viajó a Italia a acompañar al nuevo
embajador ante el Vaticano y su esposa, quienes eran amigos de sus padres.

Finalmente, el 24 de enero de 1954, Olga y Fernando se casaron en la iglesia del Espíritu Santo, en Bogotá. En los
siguientes 14 años Olga tuvo seis hijos, a los que se dedicó en cuerpo y alma. Pero la inquietud política seguía viva
en Olga, por lo que un día de 1968 decidió dar un paso inesperado para las mujeres de la época: entrar a la
universidad a estudiar derecho. Su esposo la respaldó sin restricciones: "A mí me encantaría tener una mujer
preparada. Tendrás todo mi apoyo", le dijo. Ingresó a la Universidad Santo Tomás de Aquino, donde en un
principio las cosas no fueron fáciles. "Yo resultaba en el curso una planta exótica, por varias razones: era la única
mujer y estaba casada. Mis compañeros, menores que yo, no se tomaban el trabajo de disimular la extrañeza que
les causaba verme", recuerda Olga. Los fines de semana, mientras ella se dedicaba a estudiar, Fernando se
encargaba de los seis niños y los sacaba a pasear.

Mientras estaba en la universidad a Olga le prepusieron unirse a un movimiento conservador del que también
hacían parte Augusto Ramírez Ocampo y Aníbal Fernández de Soto. El grupo se denominó C Azul y se dedicó a
fortalecer al Partido Conservador en la capital. Pronto eligieron a Olga representante a la Cámara por la C Azul.
Pero su éxito se vio empañado por lo que ella llama "sapos de la política", personajes que se dedicaron a
convencer a doña Bertha Hernández de Ospina, en ese momento presidenta del Directorio Conservador de
Cundinamarca, de que su nuera estaba tratando de "correrle la butaca". Esta desafortunada circunstancia distanció
a quienes hasta entonces habían sido buenas amigas, pero fue el comienzo de una larga carrera política que le ha
dado a Olga innumerables satisfacciones.

Ahora Olga dedica su tiempo a su oficina de abogada, que comparte con su hija menor Ximena, y a viajar, otra de
sus grandes pasiones. Cada cierto tiempo recibe en su casa a amigos y protagonistas de la vida política nacional en
sus famosas 'frisoladas', herederas de las que doña Bertha Hernández de Ospina solía ofrecer en su casa de La
Soledad. Al tradicional evento acuden innumerables personas, por lo que muchos terminan comiendo en la cocina.
Para ella sus almuerzos son la manera ideal de seguir en el centro de la vida política del país, como siempre ha
estado.