Luis Ospina Vasquez

"El maestro de la moderna historia económica de Colombia": así le llamó Jaime Jaramillo Uribe. Meses después de
su muerte, en 1977, el obituario de Frank Safford en el Hispanic American Historical Review le despedía como el
"más distinguido historiador económico colombiano". Estos reconocimientos a Luis Ospina Vásquez son
suficientemente merecidos. Más aún, su legado a la historia moderna del país no se restringió a sus aspectos
económicos.

Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia 1810-1930 (Medellín, Editorial Santafé, 1955).

"El maestro de la moderna historia económica de Colombia": así le llamó Jaime Jaramillo Uribe. Meses después de
su muerte, en 1977, el obituario de Frank Safford en el Hispanic American Historical Review le despedía como el
"más distinguido historiador económico colombiano". Estos reconocimientos a Luis Ospina Vásquez son
suficientemente merecidos. Más aún, su legado a la historia moderna del país no se restringió a sus aspectos
económicos.

Había nacido en Medellín (1905), en el seno de una familia vinculada tradicionalmente a la política nacional
conservadora. Aunque no estuvo totalmente distanciado de su herencia política, su vocación se desarrolló en la
vida académica. Sus estudios de derecho en la Universidad Nacional fueron complementados con los de
administración y economía en Estados Unidos e Inglaterra. Y se dedicó a la historia.

Los méritos académicos de Ospina Vásquez se confunden con su libro Industria y protección en Colombia, 1810-
1930 (Medellín, 1955). Este mismo año, la reseña en el Hispanic American Historical Review, escrita por James J.
Parsons, elogiaba las calidades del autor, como historiador, economista y geógrafo, mientras señalaba el significado
del libro como "una de las más importantes contribuciones al entendimiento económico e histórico emanada de
Colombia". Con tres muevas ediciones desde su primera fecha de publicación (1974, 1979 y 1987), Industria y
protección es un libro extraordinario por sus aportes originales al conocimiento de la nación, por su cuerpo
documental, por sus valiosas sugerencias interpretativas, en fin, por la calidad que lo convierte en uno de los libros
de historia clásicos del siglo XX en Colombia.

En su introducción, Ospina Vásquez subrayaba que los datos estadísticos seguían siendo escasos en el momento
de publicarse el libro, y recordaba cómo sólo hasta 1945 se hizo el primer censo industrial del país. Su obra, en
efecto, fue un pionero esfuerzo por reconstruir la historia colombiana desde una perspectiva moderna, sobre bases
empíricas sólidas y verificables en una amplia variedad de fuentes contemporáneas. Como lo observó Jaramillo
Uribe, Ospina Vásquez no se presentó "como el apóstol de una doctrina salvadora, ni como apologista de una
ideología". El tono del libro es cauteloso frente a las grandes explicaciones. Sus conclusiones no pretenden ser
definitivas. Según él, no eran "las complicadas teorías plenamente elaboradas las que en la práctica mueven y guían
la política económica". Fue particularmente crítico de quienes querían explicar toda nuestra historia como una
reacción anti-colonial: "La colonia ha sido siempre nuestra gran disculpa". Al analizar los vaivenes de la política
económica nacional, se cuidó de atribuir toda tendencia al predominio exclusivo de las influencias teóricas que
primaban en el mundo. Estas debían tenersen en cuenta, pero había que apreciar cómo se traducían entre nosotros.

Ospina escribió también otro libro que ha pasado casi desapercibido: El plan agrícola (Medellín, 1963). Aunque no
fue un trabajo histórico, esta monografía contiene valiosas sugerencias sobre la evolución del sector rural
colombiano. En especial, destacó allí el papel dinámico que la ganadería tuvo en el desarrollo agrícola del país, una
ganadería no dominada sólo por la gran hacienda ni en contradicción permanente con la agricultura. Así mismo,
criticaba la imagen -que comenzaba ya a imponerse-, de un sector agrícola históricamente estancado, y ofrecía
agudas observaciones sobre la calidad de la tierra. Tal parece que estas reflexiones formaron parte de un trabajo
más ambicioso sobre la historia rural colombiana, que se vio frustrado por la creciente ceguera que le atacó en los
últimos años de su vida.

Más allá de su obra escrita, Ospina Vásquez contribuyó a modernizar los estudios de historia en Colombia al
estimular las comunicaciones internacionales de nuestro mundo académico. Los investigadores extranjeros
encontraron en Luis Ospina Vásquez un interlocutor inteligente, receptivo y generoso. Su generosidad se hizo aún
más evidente al establecer en 1976 la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales, FAES, dotada con su
biblioteca personal y una rica colección de archivos familiares, y sede de uno de los lugares más exquisitos que he
conocido para la investigación histórica en Colombia. Para la nueva generación de historiadores económicos, como
lo ha expresado Adolfo Meisel Roca, la obra de Ospina conserva una fresca "validez actual", por su "sólida noción
de las magnitudes económicas del país", y por el significado de la herencia intelectual de quien ciertamente es un
"historiador de historiadores".


Luis Ospina Vásquez nació en 1904, en la ciudad de Medellín.
Cursó estudios de derecho en la Universidad Nacional de Colombia y, posteriormente, de administración y
economía en Estados Unidos e Inglaterra.
La Universidad Nacional, la Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad de Medellín y la Universidad de los
Andes lo tuvieron como docente en sus aulas. Además de sus labores académicas, Luis Ospina Vásquez, fue
miembro del Consejo nacional de planeación y creó la Fundación antioqueña para los estudios sociales (FAES).
Su obra más importante fue Industria y protección en Colombia, 1810 – 1930, publicada en 1955. Este es un libro
de reconocida calidad sobre la historia económica de Colombia. La investigación y el desarrollo de este tema lo
llevaron a sobresalir, junto con Luis Eduardo Nieto Arteta, entre los economistas de su época.
Para la nueva generación de historiadores económicos, como lo ha expresado Adolfo Meisel Roca, la obra de
Ospina conserva una fresca "validez actual" por su "sólida noción de las magnitudes económicas del país" y por el
significado de la herencia intelectual de quien ciertamente es un "historiador de historiadores".